Hay una imagen que usamos mucho en el taller y que lo resume todo: sus cuerpos son los territorioes. La pintura: sus experiencias personales, su universo. El lienzo: el espacio.
No es una metáfora poética vacía. Es una descripción técnica de cómo entendemos el entrenamiento actoral. El cuerpo no es un recipiente de emociones ni un vehículo de texto. Es la herramienta primaria de creación.
Actuar desde el cuerpo, no desde la cabeza
Una de las primeras cosas que proponemos es bajar de la cabeza al cuerpo. Digo "intentamos" porque cuesta muchísimo, sobre todo querer desde el cuerpo en vez de desde el plano de las ideas. Intentamos dejar de pensar todo lo que hacemos y ser más intuitivos con lo que pasa en el cuerpo, y con el otro.
Lo que percibo, la escucha corporal, la intuición. Que haya acciones y reacciones, deseos, represiones, que modifiquen el estar de esos cuerpos. Conectar con algo más animal. Y expandir el arco expresivo de cada uno.
"Actuar no es ilustrar una idea. Es hacer presente un deseo. Es querer. Es mirar. Es escuchar. Es ser atravesado."
El espacio como lienzo vivo
El espacio no es el fondo neutro de la acción. Lo sentimos vivo, orgánico, alojando fuerzas y potencias. Lleno de posibilidades que se pueden maniobrar y crear. Lo que el actor produce sobre el espacio es lo que sucede en la escena.
Entrenamos cómo se está en el espacio, cómo se manipula y se atraviesa, cómo se domina el uso del tiempo, cómo se atraviesa el espacio y cuánto tiempo sostiene una imagen, y cómo esa imagen sostiene un discurso.
Habitamos el espacio como un lienzo vivo y lanzamos las primeras manchas. Como en la pintura: no hay plan, hay gesto. Y del gesto aparece algo que no sabíamos que estaba.
La creencia como fundamento
Entrenamos también la fe, la creencia en lo que produce nuestra propia prueba. Cómo se instala, cómo crea cuando sale desde la fe.
La creencia es fundacional y fundamental para poder jugar. Si no creo en el juego, nada importa. Si solo me miro desde afuera y pienso "qué hago", no hay imaginario. Hay juicio. Hay control. Hay pensamiento y miedo al ridículo. Y aquí venimos también, y sobre todo, a hacer el ridículo.
Al creer, creamos: ficción, o realidad momentánea. Que importa poco cómo se llame. Si el actor cree, lo instala, lo crea. Y eso es importantísimo, tanto para el teatro como para la vida.
La experiencia personal como paleta de colores
Ponemos en juego lo personal: "este soy yo". Usamos nuestra imagen, contamos con ella. Ponemos muchísimo énfasis en la imagen que generamos, en los mundos que contenemos y que podemos narrar. Yo por fuera y yo por dentro. Nuestro universo asociativo, personal, entrará en juego a la hora de improvisar, mezclándolo todo. Sin miedo, porque no vamos a lo biográfico para emocionarnos, no se trata de que "se murió mi abuela", sino que vamos a lo personal, a las experiencias, las opiniones, las imágenes guardadas.
Mi mirada del mundo me vuelve interesante y particular. Fundamental reírnos de nosotros mismos. Como personas y como sociedad. Ver de qué manera opino, interpelo, pongo en primer plano algo de lo que quiero hablar.
Cuerpos deseantes vs. cuerpos domesticados
Esa es una de las batallas fundamentales que da el teatro. Un cuerpo domesticado espera instrucciones, busca no equivocarse, teme al ridículo. Un cuerpo deseante arriesga, imagina, se lanza. El entrenamiento es el proceso de transitar de uno al otro.
Lo visual y lo formal de los cuerpos en el espacio, la asociación verbal y el desarrollo del campo imaginario, la construcción de la forma de la ficción y que esa forma tenga contenido. Intensidades hacia adentro y hacia afuera. Expandidas y contenidas.
Qué entrenamos
En síntesis, el entrenamiento trabaja simultáneamente muchas cosas: la imaginación y el universo interno, el cuerpo y el espacio, la intensidad y el deseo, la acción y la reacción auténtica, el vínculo con la mirada del otro, la voz y la musicalidad de las palabras, la creación y la improvisación. No en ese orden. Todo a la vez, como en la vida.
Es un entrenamiento que respira: inspira y expira, va para adentro y para afuera. Nos miramos a nosotros mismos desde muchos puntos de vista. Y depende de cada uno hasta dónde va a llevar ese entrenamiento y qué quiere probar.
Pruebas de actuación. Destellos de existencia. El actor como suceso.
Todo sucede en el cuerpo del que actúa.